
Por Alma Raquel Alonso Lucena
Ingeniera en Gestión, Maestra en Administración, Crítica de cine y cultura Acapulqueña
Hacer cine en este puerto, lejos de los centros de dinero y de la industria, es remar a contracorriente. Se realiza con lo que hay, con equipos de bajo presupuesto, amigos frente a la cámara y con la necesidad de registrar una verdad que se nos escapa si no la filmamos.
En el quinto episodio de mi podcast cultural Expresando Comunidad en Pantalla me detuve en tal terreno. Hablé con José Héctor Carrillo Navarro, un director independiente que está moviendo las cosas en la producción local.
Héctor ha demostrado que el cine no ocupa presupuestos enormes si existe una mirada e intención clara al poner la cámara. Su trabajo está alejado del melodrama y de las fórmulas de siempre. Prefiere lo sutil, lo abstracto, los silencios que dicen más que muchas palabras, e incluso tocar lo bizarro, con la finalidad de generar asombro y sacarnos de la caja.
Lo que destaca en su trabajo es que no busca el golpe de efecto. Sabemos que hoy en día las grandes producciones del cine mexicano van detrás de la reacción inmediata, y acá él apuesta por la pausa y la observación. En la conversación nos metimos en su proyecto experimental más reciente, Final Frame, que funciona como un conjunto de fragmentos de situaciones en las que la identidad, el deseo, la ansiedad y la atracción aparecen en pocos minutos.
En esos cortos los personajes chocan o se sienten fuera de lugar delante de lo que los rodea. Ahí está el acierto de Carrillo. No da lecciones. Él observa el roce de los bordes de lo aceptado y de aquel deseo que se cuela en espacios que no son visibilizados con frecuencia.
Su cortometraje Fresas entró en la selección oficial del festival Lift-Off Global Network, en el Reino Unido. Un trabajo hecho en Acapulco, con recursos independientes, proyectado en otro continente.
Héctor también lleva su pasión por el arte a la literatura con su libro Coralia y el Monstruo, disponible en Amazon.
Aquí cabe preguntarnos qué hacemos como comunidad. Durante mucho tiempo hemos esperado calidad de fuera mientras pasamos de largo el esfuerzo de jóvenes que levantan un proyecto desde cero en nuestro puerto.
Apoyar el talento local no es un favor; recordemos que es parte de construir nuestra identidad. Si un director de Acapulco llega a un festival británico, nos está enseñando que el cine no tiene limitantes y, sobre todo, que ni la violencia ni el turismo nos definen del todo.
Héctor está poniendo el nombre de Acapulco en mapas donde el cine independiente escasamente aparece.
Te invito a ver sus cortometrajes en su canal de YouTube La Zona Muerta.
El cine en Acapulco es posible si nos involucramos.