Expresando Comunidad en Pantalla

* ¿Una Escuela Pública de Cine en Acapulco?: inversión estratégica en capital humano y desarrollo territorial

Por Alma Raquel Alonso Lucena

Maestra en Administración de Negocios, Ingeniera en Gestión Empresarial, y Crítica de cine y cultura acapulqueña. Mexicana enamorada de su Puerto

Como ingeniera en gestión, he evaluado proyectos de infraestructura, presupuestos públicos y modelos operativos que deben justificar su existencia con resultados medibles. El cine, para mí, no es solo una pasión; es una industria que integra creatividad, tecnología, logística y economía.

Acapulco posee ventajas comparativas muy específicas, como luz natural excepcional durante gran parte del año, diversidad de locaciones (bahía, playas, selva, acantilados y una ciudad en proceso de rehabilitación) y una historia cinematográfica que todavía se reconoce internacionalmente. Lo que falta es formar de manera sistemática y accesible al talento local que transforme esas condiciones en producciones sostenibles y en empleo calificado.

Crear una Escuela Pública de Cine en Acapulco representa una decisión de política pública con retorno en empleo, imagen territorial y económica

Una escuela pública de cine es un centro de formación técnica o superior donde se imparten disciplinas del audiovisual; llámese guion, dirección, producción, dirección de fotografía, sonido, montaje, efectos visuales básicos, gestión de proyectos y archivística.

No se trata de “aprender a grabar videos con el celular”. El objetivo es formar perfiles profesionales capaces de integrarse a rodajes nacionales e internacionales, consiguiendo así que lxs jóvenes creen sus propias producciones con la finalidad de contribuir a una cadena de valor completa.

En México existen referentes públicos importantes. Por ejemplo, la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC) de la UNAM y el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) de la Secretaría de Cultura son las más reconocidas. Ambas exigen procedimientos de admisión rigurosos y forman cineastas con enfoque integral. Una escuela en Acapulco podría iniciar como centro regional o extensión de alguna de estas instituciones y evolucionar hacia un programa técnico superior o licenciatura. El acceso sería prioritario para residentes de Guerrero, con cuotas bajas o gratuitas, y énfasis en equidad (jóvenes de colonias populares, mujeres y comunidades marginadas).

Beneficios concretos y medibles

Formación de talento local y retención de capital humano

Actualmente muchxs jóvenes acapulqueñxs con interés en cine deben trasladarse a la Ciudad de México o Guadalajara; y sabemos los costos que eso implica en vivienda, transporte y manutención. Una escuela local elimina tal barrera y retendría el talento que, de otra forma, se pierde. Lxs egresadxs pudieran quedarse en la región, crear pequeñas productoras, ofrecer servicios técnicos o capacitar a otros, generando un efecto dominó.

Reducción de costos para producciones y atracción de rodajes

Hoy en día las producciones audiovisuales evalúan varios factores al elegir locación, como lo son los permisos, infraestructura y, sobre todo, disponibilidad de equipo técnico calificado. Contar con asistentes de dirección, eléctricos, grips, editores y sonidistas locales puede reducir costos de producción entre 20% y 40%, según experiencias en otros destinos. Esto haría a Acapulco más competitivo frente a Puerto Vallarta, Mérida o incluso locaciones en Centroamérica. Una oficina de rodajes (hablé de ella en el artículo anterior) funciona mucho mejor cuando existe talento formado cerca.

Generación de contenido propio y fortalecimiento de la identidad

Después del huracán Otis, proyectos como documentales y cortos realizados por artistas locales han servido para procesar el dolor colectivo y mostrar la reconstrucción del Puerto. Una escuela de cine profesionalizaría esa capacidad. Lxs alumnxs producirían ejercicios, cortometrajes y documentales que documenten la realidad acapulqueña con estándares técnicos elevados. Ello fortalecería la narrativa de lxs jóvenes como destino turístico, y a la vez, como territorio con historias propias y voces autorizadas para contarlas.

Impacto económico directo e indirecto

La industria audiovisual genera derrama en múltiples sectores como hotelería, transporte, catering, vestuario, construcción de sets y servicios. Estudios internacionales y nacionales indican que por cada peso invertido en formación y producción audiovisual se pueden generar entre 3 y 7 pesos en actividad económica a lo largo de la cadena. En el caso de Acapulco, estaríamos hablando de empleos temporales durante rodajes y empleos más estables en servicios técnicos permanentes. Asimismo, se atraería turismo cultural con talleres abiertos, muestras de cortos en espacios públicos y visitas a instalaciones de la escuela.

Empoderamiento juvenil

Una escuela de este tipo ofrece una alternativa formativa atractiva para jóvenes en riesgo. Reduciría la deserción escolar al conectar el aprendizaje con una pasión concreta y con posibles salidas laborales (fuera del país). Una escuela de cine no es un programa social asistencialista; es una herramienta de desarrollo que emplea técnica, creatividad y mercado.

Ventajas comparativas de Acapulco como sede

El puerto ofrece luz y climas que facilitan rodajes exteriores casi todo el año. Las locaciones son variadas y accesibles. La reconstrucción post-Otis pudiera ajustarse al diseño de instalaciones modernas y resilientes desde cero mediante la rehabilitación. Asimismo, la proximidad con otros estados del sur y el Pacífico permitiría convocar a estudiantes regionales y generar un punto de encuentro audiovisual en el sur de México, históricamente subatendido.

El marco de la nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual 2026

La Nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual 2026, publicada el pasado mayo de 2026, sustituye a la norma de 1992 y actualiza el marco a la realidad de plataformas, streaming y cambios tecnológicos. Reconoce el cine y el audiovisual como derecho cultural, promueve la descentralización y fortalece mecanismos de fomento a través del Fondo de Fomento Cinematográfico (FOCINE). Así también, la coordinación explícita entre federación, estados y municipios.

Formas concretas en que la ley puede apoyar la creación de la escuela

Fomento a la formación de capacidades

La ley enfatiza el desarrollo de talento y la profesionalización como pilares. Guerrero puede presentar un proyecto de creación de centro de formación ante el FOCINE y la Secretaría de Cultura, argumentando la brecha territorial (la mayoría de la oferta formativa sigue concentrada en CDMX y occidente).

Incentivos fiscales y presupuestales

La ley contempla estímulos (crédito fiscal de hasta 30%) y mayor presupuesto para el sector. Estos recursos pueden destinarse parcialmente a infraestructura cultural y formación en regiones prioritarias. La ley busca que los proyectos generen contratación local, lo que alinea perfectamente con una escuela que forme técnicos guerrerenses.

Alianzas interinstitucionales

La ley promueve convenios de coordinación. Lo que me parecería viable sería firmar acuerdos con ENAC, CCC, Universidad de Guerrero o Secretaría de Cultura federal para validar planes de estudio, intercambiar docentes, compartir currículos y otorgar certificaciones reconocidas nacionalmente.

Cuotas de exhibición y demanda de contenido

La ley mantiene el porcentaje de pantalla para cine nacional (alrededor del 10%), generando mayor demanda de producciones mexicanas, y que una escuela podría ayudar a abastecer con cortos, mediometrajes y documentales realizados por alumnxs y egresadxs.

Preservación y memoria audiovisual

La nueva legislación pone énfasis en el archivo y restauración. La escuela pudiera incluir un módulo de archivística, útil para preservar la historia cinematográfica de Acapulco y Guerrero.

En resumen, la ley no está obligando a crear escuelas, no obstante proporciona el marco jurídico, los fondos y los mecanismos de coordinación necesarios para que un proyecto como este avance con cofinanciamiento federal.

Recursos necesarios y modelo operativo

Infraestructura

Fase inicial: edificio de entre 1,500 y 3,000 m² en el que se adapten aulas teóricas, laboratorios de edición, estudio de sonido, bodega de equipo, sala de proyección pequeña y áreas administrativas. Por otro lado, es factible rehabilitar un inmueble existente dañado por Otis o construir uno nuevo. Costo estimado: 40 a 90 millones de pesos, dependiendo del alcance y si se aprovecha obra pública de reconstrucción.

Equipo técnico

Cámaras profesionales, lentes, luces, grabadoras de audio, computadoras de alto rendimiento, software licenciado (Adobe, DaVinci Resolve, etc.). Inversión inicial aproximada: 15-30 millones de pesos. Posteriormente, mantenimiento anual de 2-4 millones. Posibles donaciones o convenios con marcas como Blackmagic Design, Canon o Sony.

Personal

Un director con perfil mixto (gestión + experiencia audiovisual).

10-15 docentes (tiempo completo y medio tiempo, locales y visitantes).

Personal administrativo y de mantenimiento

Nómina anual inicial estimada: 12-20 millones de pesos. Entre 35 y 60 millones de pesos en los primeros años, cubriendo becas parciales, materiales para prácticas, producción de ejercicios estudiantiles y operación general.

Fuentes de financiamiento

Aportaciones estatal y municipal (40-60%).

Recursos federales vía FOCINE y Secretaría de Cultura,

Ingresos propios: cursos cortos abiertos al público, alquiler de instalaciones para talleres externos, coproducciones y servicios técnicos.

Patrocinios privados y fondos internacionales (UNESCO, programas iberoamericanos, embajadas).

Modelo de operación

Admisión: Examen de aptitudes, entrevista y portafolio o muestra creativa. Cupo inicial moderado (30-60 alumnos por generación) para garantizar calidad.

Duración y niveles: Iniciar con Técnico Superior Universitario (2-3 años) para obtener resultados rápidos en el mercado laboral. Posteriormente escalar a licenciatura (4-5 años).

Currículo: Enfoque en producción local, documental, cine turístico-promocional, formatos para plataformas y gestión de proyectos. Prácticas obligatorias en rodajes en el Puerto.

Gobernanza: Consejo directivo integrado por representantes del gobierno estatal, municipal, academia, industria audiovisual y sociedad civil. Esto asegura transparencia y rendición de cuentas.

Evaluación: Indicadores que midan tasa de egreso, porcentaje de colocación laboral, número de producciones generadas, derrama económica estimada y satisfacción de estudiantes. Reportes anuales públicos.

Concluyendo: Crear una Escuela Pública de Cine en Acapulco no es un gasto. Es una inversión en capital humano con beneficios a mediano y largo plazo en empleo, turismo, imagen y cohesión social.

Acapulco ya ha demostrado capacidad de resiliencia física y social. El siguiente paso es construir capacidades que nos den la oportunidad de pasar de ser solo una locación paradisiaca a ser también creadores y beneficiarios directos de la industria audiovisual.

Una escuela pública es una de las formas más eficientes de lograrlo.

Finalmente, invito a autoridades, académicos, realizadores y ciudadanía a considerar seriamente esta propuesta. El puerto tiene la luz, las historias y ahora puede formar el talento necesario para contarlas al mundo con calidad profesional.

¿Consideras que Acapulco está listo para una escuela de cine pública?

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