Expresando Comunidad en Pantalla

* Cine Ambulante semanal con Perspectiva: Formación, Género e Identidad para las playas y comunidades de Acapulco

Por Alma Raquel Alonso Lucena*

La carencia de una cineteca o recintos culturales que operen con frecuencia, combinada con la irregularidad de los festivales de cine de gran formato, es un reflejo de la inconsistente difusión cultural en Acapulco.
Dicho lo anterior, me parece que si pensamos en contextos de reconstrucción territorial, el cine sigue representando un instrumento poderosísimo de formación, cohesión comunitaria y desarrollo integral para el Puerto. Siendo más clara, hace falta un programa sistemático, continuo e inclusivo de formación audiovisual que llegue semanalmente a las playas y comunidades.
El cine, arte de deconstrucción, ha demostrado en múltiples latitudes su eficacia en la alfabetización narrativa, emocional y técnica.
Ahora, por supuesto que ya existen iniciativas meritorias, aunque fragmentadas y de alcance limitado. Por ejemplo, el Cinegro Fest se ha encargado de trazar una ruta itinerante anual en Guerrero, próximo a desarrollar su cuarta edición con proyecciones gratuitas y talleres que dan visibilidad a nuevas voces del sur.
A su vez, el IMJUVE Acapulco ha mantenido un cine móvil llevando funciones gratuitas a colonias populares. Esta institución ha tenido como eje de acción el esparcimiento familiar y juvenil.
También es importante mencionar que proyectos de UNESCO y diversos colectivos han utilizado el cine como medio de memoria colectiva.
Asimismo, y en lo personal, mi preferida, la Muestra Internacional de Cine de Género (MIC Género), que estuvo en Acapulco en varias ediciones y proyectaba sus selecciones en la Biblioteca Pública del Puerto. La verdad me encantaba la dinámica, ya que se realizaban funciones seguidas de cine-debates con expertas, con énfasis en perspectiva de género, derechos humanos y empoderamiento de las mujeres. La última edición con presencia en el Puerto fue en 2020 (novena edición), tristemente afectada por las restricciones de la pandemia, con actividades mayoritariamente virtuales y algunas presenciales limitadas.
Tales iniciativas comparten limitantes estructurales visibles. Dependen de calendarios anuales inestables, con un ejercicio discontinuo y, con frecuencia, privilegian la proyección lúdica en lugar de la formación progresiva.
¿Qué pasaría si agrupamos estos esfuerzos valiosos con perspectivas de género, narrativas afro-mexicanas, documentales locales sobre identidad, y espacios de diálogo y formación?.
Hoy pueden sistematizarse, potenciarse y ser parte central de un programa integral permanente. Concretamente, Acapulco requiere un modelo semanal, el cual integre el entretenimiento aunado al aprendizaje práctico. Es decir, focalizándose en las playas públicas y las comunidades rurales:
Propongo la creación del Cine Ambulante Educativo – Viernes Formativos
Hablemos, por amor a Dios, de un programa semanal (permanente) de cine móvil. La idea se ejecutaría cada viernes en playas rotativas: Caleta, Hornos, Pie de la Cuesta, Tamarindos y otras. En alternancia, por igual en colonias y comunidades apartadas: Barra Vieja, Puerto Marqués, Llano Largo, El Coloso, y comunidades aledañas a la laguna de Tres Palos, por mencionar. Esta clase de formato maximiza la formación de habilidades y la participación ciudadana.
Sugiero entonces que se implemente la siguiente dinámica:
La unidad móvil se dirige al sitio contemplado. Comienza con un taller práctico de veinte minutos (y material para el público), impartido por un experto, prosigue con la proyección de una película adecuada al contexto y culmina con un cierre conversacional (debate) de treinta minutos.
Los talleres ideales pudieran rotar por temáticas.
Cine realizado con celular: donde los participantes aprenden guion básico, narrativa visual, el aprovechamiento de la luz y edición con aplicaciones accesibles.
Perspectivas de género en el audiovisual: dando herramientas y enseñando cómo las mujeres acapulqueñas pueden contar sus propias historias de liderazgo y empoderamiento.
Narrativas afro-mexicanas: visibilizando la riqueza cultural de nuestro Estado, sus tradiciones, ritmos y contribuciones esenciales a la identidad del Pacífico guerrerense.
Documental en la localidad: en el que los asistentes creen guiones locales, con la finalidad de transformar sus vivencias personales en estructuras dramáticas; y, por qué no, en técnicas de actuación para cine y teatro, y apreciación cinematográfica con enfoque identitario, que analice clásicos filmados en Acapulco y contemporáneos para fortalecer el sentido de pertenencia y, por ende, ir resguardando un acervo fílmico.
El financiamiento vendría de un esquema mixto.
Aprovechando los recursos de la nueva Ley Federal de Cine y Audiovisual 2026, que otorga prioridad a la producción, formación, preservación y la exhibición inclusiva. Se complementaría con aportaciones de IMCINE (Instituto Mexicano de Cinematografía), la Secretaría de Turismo Estatal, el sector hotelero a través de esquemas de responsabilidad social empresarial y posibles alianzas con organismos internacionales como UNESCO.
El equipamiento, como las unidades móviles adaptadas con pantalla inflable de buen formato, proyector de alta luminosidad, sistema de sonido portátil resistente a la humedad salina, paneles solares para sostenibilidad energética y kits de edición, requiere una inversión moderada.
Los beneficios se materializarían en múltiples dimensiones.
El programa podría probar con un piloto de seis meses en cinco comunidades y/o playas principales. Esto permite ajustar logística, contenidos y medición antes de su expansión, consiguiendo así resultados medibles.
En el plano social se generaría capital humano creativo entre niños, jóvenes y adultos que cuentan con pocas opciones formativas accesibles, reduciendo vulnerabilidades y abriendo caminos a vocaciones audiovisuales.
Económicamente (y por inercia) se reactivarán las cadenas locales: vendedores de playa con sus carritos de palomitas, snacks y refrescos, técnicos, y diversos proveedores de servicios.
A mediano plazo se logrará consolidar una base de talento que alimenta rodajes profesionales, festivales y producciones regionales, contribuyendo directamente a la diversificación económica del destino.
El programa de cine ambulante fortalecería la imagen positiva, multifacética y atractiva de Acapulco. Le diría al mundo que el Puerto invierte inteligentemente en su capital cultural y humano. Así también, ante un espectro nacional donde los recursos culturales tienden a concentrarse en polos metropolitanos, esta propuesta posicionaría a Acapulco como referente de innovación en creación, difusión, formación e inclusión audiovisual en el Pacífico mexicano.
Acapulco no necesita únicamente pantallas que proyectan historias externas. Acapulco puede contar, filmar y aprender de sus propias realidades. Un programa sostenido de Cine Educativo y Formativo Ambulante constituye un aporte real a la inclusión social, al desarrollo del talento guerrerense y a la rehabilitación del Puerto.
Visualicen… Cada viernes, con una pantalla frente a la mar o en una comunidad que no cuenta con acceso al cine; al menos, yo veo a un Puerto de Acapulco con la chance de iniciar un nuevo capítulo en su relación con el séptimo arte.
Es momento de transitar de las intervenciones simuladas a las acciones propositivas y orientadas hacia la planificación de un ecosistema formativo continuo, profesional y con visión de largo plazo. Acapulco, con su bahía icónica, sus espacios, su gente y su disposición, tiene todas y cada una de las cualidades para liderar este modelo en el sur del país.

(*) Ingeniera en Gestión Empresarial, Maestra en Administración de Negocios y Crítica de cine y cultura acapulqueña