Expresando Comunidad en Pantalla

* Festival Internacional de Cine de Acapulco: Edición Copa del Mundo 2026

Por Alma Raquel Alonso Lucena

Crítica de cine y cultura acapulqueña, Ingeniera en Gestión Empresarial y Maestra en Administración de Negocios

El próximo domingo 19 de julio se juega la final del Mundial. Sin embargo, detrás de la euforia colectiva y la fiesta en las calles, hay un trasfondo que merece un análisis minucioso. Como crítica de cine y apasionada de la cultura de Acapulco, veo en este momento una oportunidad histórica que no podemos dejar pasar y mucho menos ignorar. México es la sede y el anfitrión y, además, ha roto todas las expectativas al mantenerse invicto, liderar su grupo y meterse a los octavos de final jugando a lo grande; de hecho, es el mejor equipo del Mundial. Estamos ante una circunstancia excepcional y extraordinaria. Esta atmósfera de orgullo es el terreno ideal y que nos da las condiciones para reedificar nuestra identidad y, sobre todo, es el empujoncito que nuestra industria creativa necesita prontamente.

Insisto: pensemos local, actuemos global.

La narrativa nacional del cine y el fútbol en la cultura mexicana

Históricamente, el cine y la cultura en México han arrastrado lo que en términos cinéfilos podríamos llamar “el arquetipo de la derrota digna”. El tema es que nuestras historias, tanto en las pantallas como en la literatura, han retratado, con frecuencia, a una sociedad que se percibe a sí misma como “la aspirante perpetua”, “el ya mérito”, lidiando con la melancolía, la migración y la frustrante imposibilidad de alcanzar el éxito frente a potencias como Inglaterra, Argentina, Francia, etc. Por supuesto, no es casualidad. México lleva décadas luchando por encontrar su lugar en la narrativa de los siglos XX y XXI, y hoy, en pleno 2026, parece que por fin descubrimos el camino, la ruta, y estamos listxs para adueñarnos de ella.

Y sí, el Tri la encontró y la hará suya.

Sabemos que un Mundial de esta magnitud nos ha cambiado el guion rotundamente. En política hay un concepto llamado soft power (poder blando), que no es más que la cualidad de un país para convencer y ganarse al mundo a través de su cultura, su identidad y su gente. Y justamente es lo que está haciendo México ahorita: captar la atención de todxs, atraer inversiones y robarse los reflectores, motivado por el orgullo cultural y, obvio, por la racha de victorias que ha vuelto invicta a la Selección Mexicana.

Es un fenómeno casi irrepetible que nos reposiciona en el mapa global. Para los que no son futboleros, ello puede parecer un trofeo de metal que no pasa de ahí, pero va más allá. Lo que ha logrado el Tri hasta la fecha es una validación externa que nos está invitando a sacudirnos los viejos complejos y a modificar la imagen negativa que tenemos de nuestra nación. En pocas palabras: gane o pierda México la final, el impacto positivo para el país ya nadie nos lo quita.

¿Y si sí?

Para la industria cultural mexicana, la victoria del domingo 19 de julio captaría las miradas hacia nuestros creadores, y no por una curiosidad exotizada; creo que el juego puede darnos las pautas para ser los protagonistas de la industria. Si México se corona campeón, efectivamente el mundo volteará a ver a nuestros jóvenes futbolistas, y también a nuestros directores, guionistas, artistas plásticos y músicos con admiración y apreciación.

Tener la atención del planeta es el capital y el activo más valioso que nuestra economía cultural puede sujetar ahorita, pero ese interés es volátil y vuela rápido. Por eso, el reto para nuestra generación de gestores culturales es: ¿cómo aprovechamos esta condición histórica en infraestructura permanente?

 

Guerrero y la oportunidad de un nuevo guion nacional

Guerrero es un estado reconocido por su riqueza antropológica, su geografía envidiable y una historia de lucha social y cultural que se remonta a siglos atrás. Por desgracia, la narrativa que hoy domina en los medios y que ve el mundo está atrapada en el rezago y el conflicto.

El triunfo de la Selección Mexicana ofrecería a Guerrero la plataforma para romper con esta narrativa unidimensional, plana y ambigua. Una visibilidad bien aprovechada equilibra la atención del país, aunque claro, esto no va a pasar en automático; requiere de una gestión y de estrategias coordinadas para que funcione.

Si Guerrero levanta la mano para ser el polo de desarrollo creativo después del Mundial, pudiéramos atraer inversiones masivas para proyectos que van desde modernizar el turismo hasta certificar más zonas arqueológicas (de las cuales hoy apenas tenemos registrado el 0.3%).

Lo más importante sería crear una ruta audiovisual que proyecte nuestra industria orientada a nuevos mercados globales, haciendo uso de la inmensa diversidad de nuestros paisajes. En pocas palabras, se trata de armar una red colaborativa entre universidades, realizadores independientes, hoteles, transportes y firmas de postproducción para incentivar la economía que ocupamos.

Esto implica profesionalizar nuestras artes, darles herramientas técnicas a los jóvenes y, en específico, alentar a que la inversión pública y privada se enfoque, por igual, en el desarrollo humano.

Festival Internacional de Cine de Acapulco: Edición Copa del Mundo 2026

Propongo lanzar el Festival Internacional de Cine de Acapulco: Edición Copa del Mundo 2026, pero no para ser un evento de una sola vez y tomarnos la foto. Lo que nos ha faltado siempre es constancia y una gestión profesional con metas bien aterrizadas:

1.- Mercado e industria: El festival tiene que operar bajo las reglas de los mercados internacionales. Acapulco ya tiene la marca, la experiencia y todo el archivo del Hollywood de los años cincuenta y sesenta listo. Hay que usar semejante ventaja para que los creadores de Guerrero y el país puedan amarrar financiamiento y coproducciones con fondos extranjeros. Ojo: el Mundial es el gancho comercial idóneo para convocar a los productores globales y retenerlos los próximos años.

2.- Residencias de guion y desarrollo de historias: Por otro lado, la historia de nuestra localidad da para muchísimas producciones cinematográficas. Hay que hacer del cine nuestro lenguaje para contar lo que nos duele, pero también lo que nos mantiene de pie. Necesitamos talleres de guion de alto nivel para documentar y ficcionalizar los procesos de recuperación de Acapulco. Si creamos historias y propiedad intelectual original, garantizamos la sostenibilidad del festival y dejamos la puerta abierta para que la ciudad sea el set de futuras producciones.

3.- Vinculación técnica y educación: La profesionalización de la cadena de valor audiovisual debería ser una prioridad. Si queremos que la gente de Acapulco se meta a la industria y trabaje como personal calificado, hagamos que el talento local participe sí o sí en las coproducciones para así sumar al desarrollo económico y a la movilidad social.

 

El factor de la realidad

El cine me ha enseñado que todo lo que promete resolver problemas complejos de manera fácil y rápida suele terminar mal. Un campeonato mundial no es una varita mágica ni la única alternativa. Es un recurso que, si se gestiona con la misma negligencia de siempre, no servirá de nada; no obstante si se realiza bien, puede ser el inicio de la solución que el país, el estado y, principalmente, Acapulco piden a gritos.

Para que este 19 de julio sea verdaderamente histórico y un parteaguas nacional, la sociedad civil tiene que ponerse firme y asegurar que toda esta visibilidad y dinero se traduzcan en políticas a largo plazo. Si México se corona campeón, tendremos una plataforma de exposición sin precedentes. No busquemos ni pensemos en revivir la nostalgia del Acapulco de los años sesenta, mejor hay que repensar en un Acapulco que se reconozca a sí mismo como un puerto moderno, tecnológico y orgulloso de su identidad, con la habilidad de producir historias que se puedan ver y difundir en cualquier rincón del planeta.

Hacia una nueva era dorada

En la historia de México nos hemos quedado varias veces en la orilla, tanto en el deporte como en la cultura. A solo dos semanas de la final, la posibilidad de ganar la Copa del Mundo nos obliga a hacernos la pregunta incómoda: ¿qué vamos a hacer al día siguiente del triunfo? Como crítica, mi apuesta no es por la fiesta ni por salir a echarme unas chelas, sino por las acciones que ejecutemos cuando baje la euforia.

La chance la tenemos enfrente y cerquita, sin embargo dependerá de nuestra capacidad colectiva para metamorfosear el sueño, deseo y anhelo en una gestión eficiente. No seamos retórica hueca; tengamos el valor de tomar la pluma, ir ideando el plan y empezar a rodar nuestra historia.

Que el silbatazo final del domingo 19 de julio sea el comienzo de una nueva etapa donde la cultura sea el pilar sobre el cual sostendremos nuestra grandeza.

¡Arriba México, Guerrero y Acapulco!